viernes, 13 de abril de 2012

Armatoste.

Mascara de hombre con plegarias de luz,
Exclamando ratos de melancolía para que el arte continúe abasteciendo su vida,
Respira en su soledad la inspiración más oscura, mientras realiza trazos oxidados en un pequeño papel.
Añoras vuelos supremos desde el vacío de un alma desconcertada, buscas llenar tu interior devorando la luz, erradicando el realismo del hoyo negro que es tu mente.
Ego y ambición definen tu personalidad hambrienta de éxito y aceptación, en esto se ha convertido tu vida. Triste realidad respondes cuando ya no sabes más.
Hombre lleno de sombras aferrado a un futuro incierto, ¿No entiendes que avanzar no significa ignorar?
Borrosa y difuminada es la mirada que muestras a los demás, silencias la voz de ayuda desapareciendo personas, transformándolas en fantasmas.
Proclamas absurdas verdades al viento llenándote de un polvo ciego que no te permite respirar.
Hostil ha sido el interior confuso de tu persona, ya que lo aprisionaste por el miedo que le tienes, sin darte cuenta que mucho antes de tu partida, el ángel de petróleo te poseía como un muñeco articulado.
El ahora es nuestro y las constelaciones los arboles decía una parte virgen de tu alma, traspapelada en la lejana presencia ambivalente de tu ser.
Ocultas tu alma en esos ojos impenetrables, continúas mintiéndote encerrando tus sueños en dibujos surrealistas, aun sin entender como poco a poco desaparecía el crecimiento interno que tenías, ahora desvanecido en la neblina de tus pensamientos.
Quemé el inicio de una aventura,
Carbonicé los recuerdos de un amor en llamas,
Trituré tus caricias borrando cada toque de mi alma,
Cada momento fue cubierto por la fétida ceniza de mentiras piadosas que me dijiste.
Negros y Grises llenan el mundo inhabitable que dominas, provocando decepción en personas que alguna vez te admiraron.
La erosión de tu ser interior se agravia más con el pesar del alma intranquila que tienes atada en tu vida.
Ahora, esta lluvia acida que sale de mis ojos, no quiere más que suprimirte de mi vida, incinerarte como la pulsera de brea que me obsequiaste.
Ocultar el dolor que siento ha sido el peor sabor que dejaste en mi boca.
Doblegaste mi moral haciéndola parecer un simple nudo el cual amarrar no sería un problema, más mi fortaleza fue la excepción suprema a la regla. Ahora mientras el Nupste arrasa con tu vida yo vuelo por los aires con la mirada fija en la serenidad de la mañana.
Continúo mi vida con la herida abierta, usando mis lágrimas como cicatrizantes, esperando el momento en que logre decir tu nombre sin sentir el exiguo inmundo desgarro.


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